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Investigación
El ganador del primero es el Dr. Enrique J. Cobos, investigador del Departamento de Farmacología
e Instituto de Neurociencias de
la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada. Su trabajo profundiza en el conocimiento de los mecanismos de generación
del dolor neuropático y diferencia entre los distintos tipos del mismo. Llevado a cabo de forma conjunta entre la Universidad de Granada,
la de Harvard, la de California en Los Ángeles (UCLA), la Laval y The Jackson Laboratory, se publicó
en una de las revistas científicas más prestigiosas, Cell Reports. Le entrevistamos.
¿Cómo explicaría a alguien no experto en el asunto qué es el dolor neuropático?
Es aquel que se origina tras una lesión del sistema nervioso. Por poner un ejemplo conocido para muchos, el dolor de ciática tiene un componente neuropático. Se da si uno sufre,
otro ejemplo, un corte de un nervio, algo que muchas veces es inevitable durante una cirugía. Así, se trata de
un problema clínico muy relevante por dos motivos. El primero es porque la intensidad del dolor llega a tales límites que disminuye notablemente la calidad de vida de las personas. El segundo es porque los tratamientos existentes no son óptimos, les falta eficacia o tienen efectos adversos que limitan el manejo clínico del dolor neuropático. Así, las personas que lo padecen no
suelen estar bien tratadas, no por
los médicos, sino porque no hay tratamientos. Los opioides funcionan muy bien para otro tipo de dolor, para este se utilizan otro tipo de cosas, como los antiepilépticos o algunos que mezclan varias familias y que son de los que mejor resultado dan.
El trabajo premiado habla de las “diferencias en los mecanismos”. No sé si nos podría resumir, también en lenguaje llano, cuál ha sido exactamente su hallazgo.
Se sabe que dentro del dolor neuropático, se presenta un
mecanismo sensorial diferente dependiendo del estímulo sensorial
que recibes. No es lo mismo el dolor cuando te tocan en la zona afectada que lo que se siente si recibes frío
en esa misma área. El exceso de sensibilidad al tacto es algo que ocurre con mucha frecuencia. Por ejemplo,
si lo tienes en la costilla, simplemente
el roce con la camisa causa un dolor indescriptible. Hasta una brisa fresca
le puede doler. Y no es lo mismo un dolor evocado por tacto que uno evocado por frío. Hemos estudiado cómo se genera la hipersensibilidad frente a varios tipos de estímulos, sobre todo tacto y frío. Y hemos visto que para tener una hipersensibilidad a un estímulo táctil también se necesita la participación del sistema inmunitario, porque las células inmunitarias cabrean a las células sensoriales. Cuando el estímulo es frío la situación es diferente, ahí las defensas no tienen nada que ver y son exclusivamente las neuronas las que dirigen la hipersensibilidad.
¿En qué se traduce su hallazgo?
La moraleja básicamente es que el dolor neuropático en cada modalidad sensorial es diferente dentro de la misma patología y que a la hora de buscar tratamientos nuevos, habría que tener en consideración esta diferencia. Pero hay que dejar claro que esto es una etapa muy inicial; antes de pensar en nuevos fármacos, hay que entender bien cómo funcionan las cosas.
BOLETÍN SIN DOLOR 12
    Enrique J. Cobos,
ganador del Premio
a la Investigación en Dolor en su Categoría Preclínica
 “EL DOLOR NEUROPÁTICO
 NO SUELE ESTAR BIEN
 TRATADO, FALTAN OPCIONES
 TERAPÉUTICAS”
www.fundaciongrunenthal.es



































































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